¿Alguien se ocupa de su salud integral bio-socioemocional? La respuesta que se suele obtener es no. Desde la dermotricología es una respuesta que cambiamos por el . Ayudamos a relacionarse con la afección desde otro lugar, una mirada integradora que nos lleva desde el interrogante ¿puedo tocarte? a la expresión ¡puedo tocarte!

Para ayudar a las personas que sufren trastornos que van mucho más allá de placas descamativas y que interfieren en su calidad de vida, tenemos que considerar la psoriasis desde un todo: cuerpo, emociones y relaciones.

Definamos la psoriasis

La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de origen autoinmune. En personas con predisposición genética, las células del sistema inmune, particularmente las células T, reciben señales defectuosas que provocan una respuesta inflamatoria anómala en la piel. Esta respuesta causa una aceleración de los queratinocitos, que se acumulan en la superficie de la piel formando placas de grosor variable. Estas placas se acompañan de inflamación local y dilatación de los vasos sanguíneos, lo que produce la característica rojez.

¿A quién afecta?

A personas de todas las edades, desde niños a ancianos: aproximadamente del 2 al 5% de la población. Es difícil no conocer a alguien en nuestro entorno que la sufra.

Factores desencadenantes

Existen varios factores desencadenantes que provocan o agravan esta enfermedad y que son realmente difíciles de evitar: medicamentos, frío, factores emocionales, estrés tanto puntual como continuo, infecciones, y el fenómeno de Koebner, en el cual aparecen placas en zonas de la piel con heridas o traumas.

Vamos a meternos en la piel de una persona psoriásica

Una de las funciones de la piel es la de relación, importante en los procesos de socialización. A través de ella sentimos, nos sienten y, por supuesto, nos expresamos, por lo que es sensible a numerosos estímulos ambientales y emocionales.

Imagina un día típico de invierno. Hace frío, estás atrapado en un atasco en la carretera; nada fuera de lo común, ¿verdad? Sin embargo, sigamos imaginando... Tal vez trabajas en la sección infantil de unos grandes almacenes, eres profesor, o tienes una cita especial esa noche con la persona perfecta. De repente, notas algo extraño: tu piel comienza a llenarse de costras... No comprendes qué sucedió, el día parecía normal, pero... no fue así. El cuerpo comenzó a hablar, a expresar tus afecciones emocionales. El estrés del atasco, sumado a un leve resfriado por el frío, ha desencadenado un brote de psoriasis. Una situación cotidiana se transforma en un desafío inesperado.

Inmediatamente te vienen a la mente todas las situaciones anteriores en las que, por desconocimiento del resto de las personas de tu entorno, has sentido rechazo, y piensas: ¿por qué a mí? ¿Qué va a pasar hoy si las mamás del cole me ven las manos así y deciden que no toque a sus hijos? ¿Cómo va a reaccionar la persona con la que he quedado esta noche?

Un psoriásico con unas placas en su espalda es muy posible que no se apunte a natación, que no lleve a sus hijos a una piscina o a la playa, que no acuda al gimnasio, que no tenga las mismas oportunidades laborales o que ni siquiera se anime a mantener relaciones íntimas.

A esas situaciones hay que añadir que, en algunos casos, se asocian numerosas comorbilidades: artropatías, obesidad, diabetes e incluso problemas cardíacos. Estos cuadros se agravan más cuando la depresión y la ansiedad se alimentan de las manifestaciones cutáneas, o el paciente las presenta asociadas. Imagina, si te sale un granito y te pica, cómo son las molestias físicas —picor, dolor, escozor— ¡cuando tu cuerpo se cubre de placas! Por esto, como expresaba al inicio, tenemos que brindar a la psoriasis un enfoque desde un todo: psique, soma y relaciones.

Importancia de cambiar la mirada

Desde Fundesmo, en la formación como expertos en dermotricología se da importancia a brindar soluciones a los síntomas de la psoriasis, pero también a mejorar la calidad de vida de estas personas desde un enfoque integral.

A través de la psicodermotricología, sub-especialidad de la dermotricología, el profesional obtiene herramientas que permiten generar una mirada diferente, donde se comprende la relación directa que hay entre el cuerpo afectado, las emociones y las relaciones interpersonales. Poner los ojos en estos aspectos genera una sintonía diferente, especial, personalizada, lo que conlleva una comprensión por ambas partes de que para mejorar la calidad de vida no basta la atención del síntoma visible en la piel, sino también de aquellos que no vemos y que ponen límites a nuestra socialización.

Personalmente, creo que en muchos casos es imprescindible la ayuda psicológica, sobre todo porque está constatado que el estrés, la depresión y la ansiedad no solo son desencadenantes y agravantes de la psoriasis, sino que se encuentran presentes en un alto número de las personas afectadas.

Existe una relación recurrente difícil de eliminar: a más estrés, ansiedad y depresión, brotes más intensos; y la presencia de un brote, a su vez, desencadena más ansiedad, más estrés y aumenta la virulencia del brote, entrando en un círculo difícil de romper sin la mirada integral de la afección.

Piel, psique y relaciones de la mano pueden mejorar su calidad de vida.

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Te quedan qué es la psoriasis y a quién afecta, el ejercicio de meterte en la piel de quien la sufre y cómo la psicodermotricología cambia la mirada. Déjanos tu email y desbloquea este artículo —y todo el archivo de recursos.

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